Hace unos días un compañero de departamento informático bajó una copia pirata de Windows 7.
Cogió un PC del laboratorio (un PC de pruebas) y la instaló. Muchos compañeros babeaban sólo viendo el proceso de instalación… (!!!). Parecía que no fueran técnicos, que fueran simples usuarios contemplando aquella obra fabulosa de la ingeniería del Software. No lograba entender tanta expectación por otro Windows «más de lo mismo».
Una vez acabada la instalación se ponen a probarlo y a jugar un poco con él. Todo el mundo, como he dicho antes, de nuevo babeando, pidiendo copias para instalarlo en casa…
Llevo mucho tiempo fomentando el uso del Software Libre. Siempre les enseño las bondades de GNU/Linux y les he demostrado en más de una ocasión la supremacía de Ubuntu sobre Windows… Incluso he instalado Ubuntu en algún ordenador personal de algún compañero: y reconocen que no entran NUNCA JAMÁS en Ubuntu.
Y ahora llega Windows 7 y todos como locos a probarlo, a copiarlo y a instalarlo en casa.
De verdad… hay cosas que no logro entender. Cansado ya de tanto Windows 7 y tanta alabanza… me dispuse a instalar Ubuntu 9.10. Una vez instalado configuré Compiz y activé varios efectos: El cubo rotatorio, el fuego en el ratón, las ventanas gelatinosas, ventanas transparentes, etc.
Se lo enseño a mis compañeros haciéndoles creer que estábamos trabajando con Windows 7, todos flipando. Bufff, había que verlos. Como si fueran niños diciendo lo grande que era Windows 7. De verdad, había escuchar los comentarios acerca de Windows 7, que si es lo más, que si tremendo, que UFFFFF, que re-UFFFFF, que re-que-te-UFFFFFF.
Al poco tiempo, cuando aún salían comentarios de sus bocas, les expliqué que estaban mirando Ubuntu 9.10.
Todos agacharon la cabeza y siguieron con su trabajo diario.











Siguiendo las últimas tendencias, Canonical ha implementado 




